Siempre es bueno arrancar ganando. Más cuando se trata del arranque de un torneo y, paralelamente, hay urgencias por sumar. Por eso, San Lorenzo festejó tanto el triunfo ante San Martín de San Juan por 2 a 1. No jugó del todo bien, le manejaron la pelota, pero sí supo ser efectivo y lastimar en los momentos exactos.
El equipo de Caruso arrancó nervioso, empujado por su gente, y tardó en hacer pie en el partido. Dubitativo atrás y apurado adelante, no sólo le costaba armar buenos circuitos de juego, sino que además padecía las contras de los sanjuaninos. Parecía un calco del partido previo a la Promoción. No obstante, Romagnoli abrió el camino con una definición exquisita a los 16’ y a partir de ahí aparecieron los espacios. Entonces aparecieron las contras y las oportunidades. San Martín, por su parte, no se resignó ante el 0-1 y siguió yendo aunque con graves problemas para definir.
El partido para ese momento ya tenía un vértigo total y se había transformado en partidazo. Y en ese contexto, apareció Jara (tras un buen aguante de Stracqualursi) y estiró la diferencia. Fue el golpe definitivo.
Tras el descanso, el Ciclón se paró decididamente de contra. Le entregó la pelota a su rival (que no jugó un mal partido) y se dedicó a esperar con paciencia la oportunidad concreta para sentenciar la historia. Oportunidad que nunca llegó. San Martín buscó por todos lados el descuento y controló la pelota con nobles argumentos. Eso sí, consiguió el 1-2 muy tarde (Penco, a los 41’), cuando ya casi no le quedaba nafta en el tanque. Por eso no le alcanzó para el empate. Alivio para el local. Y luego, fiesta.