2018-01-24 23:34:00

Independiente mereció el triunfo y Rosario Central también estuvo cerca en un duelo emotivo
Un mes y once días después de ganar la Copa Sudamericana, los hinchas de Independiente recibieron con pleitesía a sus héroes en el estadio Libertadores de América.

El resultado con Rosario Central, en un partido postergado de la 11a fecha de la Superliga, pudo haber completado una jornada perfecta, en la que fueron homenajeados los campeones del Nacional 77, pero el Rojo se ahogó en la orilla: el equipo de Holan, que mereció aplastar a los rosarinos, no pudo salir del empate 1 a 1 y quedó a ocho puntos de Boca, el único líder del campeonato argentino.
Luego de un verano turbulento, Independiente fue el primer grande en volver a la competencia oficial. Si ya había terminado tarde el 2017 por los dos partidos con Flamengo, el arranque del 2018 fue un tanto prematuro. Esos días le quitaron a Holan tiempo de trabajo, pero el equipo respondió, sobre todo en la parte final.
A Independiente le costó hacer pie durante el primer cuarto de hora. Pero una jugada de Leandro Fernández, que luego Nicolás Domingo no pudo aprovechar, lo despertó. El equipo de Holan, con un 3-4-3 que buscaba contener a los dos puntas de Rosario Central (Zampedri y Ruben) y ganar en vértigo, dio signos vitales tras un inicio apático. Con el correr de los minutos el engranaje se aceitó y las partes comenzaron a responder. El Rojo conectaba sus piezas.
Parado como centrodelantero, Gigliotti buscaba fijar la marca de los centrales de la visita. Fernández por la derecha y Meza por la izquierda trataban de construir desde las bandas. El problema pasaba por la poca generación que había en la zona media. Sánchez Miño, como carrilero, se incrustó en la elaboración, el equipo dio un paso adelante y el juego se hizo más fluido. Así fue que a los 25 minutos Gigliotti, después de una buena maniobra personal, se escapó por la derecha y buscó con un centro bajo a Meza, que no llegó.
Rosario Central empezaba a pasarla mal. Aparecían algunos destellos del mejor Independiente, pero le faltaba darle continuidad a lo largo del tiempo. Sin Barco, vendido al Atlanta United de la MLS, ni Benítez, en el banco, no estaba la dosis de gambeta necesaria. La daga no podía entrar. En el mejor momento del local una pelota quieta rompió el molde de lo que hasta ahí era un empate.
A Holan le preocupaba el juego aéreo de Central. Así fue como llegó el gol de los rosarinos. Zampedri, uno de los mejores cabeceadores del fútbol argentino, le ganó de arriba a Amorebieta, un experimentado en la materia, y abrió el partido. La visita, a partir de ahí, se aprovechó de las dudas que confundieron a su rival. Pero sólo por un rato.
En el segundo tiempo sí se vio al Independiente campeón. Conexiones en velocidad, movimientos entre líneas, diagonales y, sobre todo, un apetito feroz. El Rojo se convirtió en una manada de lobos guiada por el hambre. Rosario Central se quedó sin argumentos. La imagen era evidente: un equipo buscaba despedazar a otro.
Cuando se cumplieron los primeros 15 minutos de la segunda parte Independiente ya había creado cuatro jugadas claras de gol. La quinta fue la vencida. Gigliotti marcó el empate y encendió al Libertadores de América. Si en el primer tiempo hubo cierta paridad, la segunda fue un monólogo.
Independiente fue por el triunfo. Lo merecía. Llegaba con firmeza al territorio de Jeremías Ledesma, pero no acertaba en el último movimiento. El desgaste ofensivo era de una emotividad absoluta. El Rojo merecía estar, por lo menos, dos goles arriba.
Cuando faltaban tres minutos ocurrió el resumen de la noche. Sánchez Miño trepó por la izquierda y buscó a Benítez, quien cabeceó muy bien. Pero la pelota dio en el palo. En el rebote Gigliotti, de frente al arco, la tiró por arriba. De contra hasta lo pudo haber ganado Central. Fue una noche mágica de fútbol.


Fuente: SFD- Fox Sports Radio Rivadavia en Santa Fe 96.7 fm- La Nación

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