2017-12-13 23:35:48

Volvió la mística: Independiente igualó 1-1 en el Maracaná y es campeón de la Copa Sudamericana
Con un gol de Ezequiel Barco, de penal, igualó 1-1 y ganó su 17° título internacional; desde Brasil a Avellaneda todo se tiñó de rojo

Independiente es campeón. Así. Tres letras. Toda la crudeza en una línea. Eso: que Independiente, después de siete años, volvió a ser campeón. Se consagró en el Maracaná, un lugar reservado sólo para gigantes, al empatar 1 a 1 (3-2 en el global) con Flamengo. Fue la muestra de coraje y fútbol más extraordinaria que se recuerde en el último tiempo. Ariel Holan, en un año, construyó un equipo antológico, que no será olvidado jamás, y que ya pasó a la historia. Independiente , una institución que venía de superar la época más oscura, se terminó de despertar: anoche, ante más de 85 mil personas, ganó la Copa Sudamericana y alcanzó su título internacional número 17. El año que viene jugará Copa Libertadores, Recopa Sudamericana (ante Gremio) y la Suruga Bank.
 
No hay final que no sea épica en el Maracaná. No puede no serlo. Es como si hubiera una obligación moral. Flamengo, que había festejado antes de tiempo, se llevó un chasco memorable ante su gente. Un grupo de jugadores sin estrellas pero atrevidos, con predisposición al trabajo, fue conducido a lo más alto por un líder austero que ya se ganó un lugar entre los mejores. Ya todos los sabían: el Rojo, desde su llegada, dio uno de los pasos más grandes de los últimos 25 años.
Este Independiente había enamorado a su gente antes del título. Holan lo dijo en la previa: "La mística ya está recuperada". Lo que recuperó anoche fue la gloria y la perspectiva. Porque el Rojo, con esto, volverá a mirar desde arriba a cada rival con el que se cruce.
 
La manera en la que Independiente llegó al título es lo que hace a esta consagración distinta a todas las demás. Holan despertó el talento en futbolistas que lo tenían escondido y le dio lugar a los chicos de las inferiores, que respondieron a un nivel altísimo. La cantera es una de las joyas que tiene el Rojo. Esta vuelta olímpica huele a un despertar definitivo. El camino está marcado: la institución de Avellaneda puede, en un corto plazo, recuperar su lugar en el mundo.
Independiente se dio cuenta de que los brasileños no iban a volver a fallar. El equipo de Holan, de a poco, se repuso y encontró los hilos del juego. Acudió a su esencia. Creció con lentitud y se animó a manejar la pelota en zonas calientes. Hacia correr el tiempo. Gigliotti, a todo esto,
 
aguantaba bien la pelota para darle descanso a sus compañeros. A los 28 una conexión entre Tagliafico y Meza hacía creer al Rojo que estaba para más.
 
Pero en el mejor momento de la visita llegó una pelota parada, justamente lo que Holan no quería, que abrió el marcador. Luego de la ejecución, Lucas Paquetá, uno de los mejores de la noche, capturó la pelota adentro del área y la empujó para poner el 1 a 0.
 
A partir de ahí el aliento de Flamengo fue más ensordecedor que nunca. Los jugadores se hablaban a dos metros y no podían escucharse. Fue como estar abajo del agua. Aturdidos, ante un contexto complejo, el Rojo se levantó. Y si en el fútbol el oportunismo es clave, Independiente dio en la tecla al empatar antes de que terminara el primer tiempo. Ezequiel Barco, a los 40, cambió por gol una penal que Cuéllar le había cometido a Maximiliano Meza. El joven de 18 años posiblemente no vuelva a sentir tanta presión como la que sintió al hacerse cargo del disparo.
 
El segundo tiempo tomó otros carriles. Tras diez minutos de ida y vuelta, el Rojo quedó parado para la contra. Vinicius Júnior, que ya fue comprado por el Real Madrid, entró para darle vértigo al equipo de Reinaldo Rueda, que estaba empantanado. En su primer intento ya había encendido a la gente.
 
Flamengo, al borde de la desesperación, se entregó en defensa. Así fue como Barco, Meza y Gigliotti empezaron a encontrar espacios. A los 13 el propio Gigliotti, por la izquierda, ganó bien la posición, se fue contra César y la picó: su disparo se fue apenas ancho. Fue increíble. Sobre el final, en el lapso de dos minutos, Gigliotti y Albertengo desperdiciaron dos jugadas que ni siquiera tienen nombre. Faltaba una más: a los 43 el ex Boca volvería a errar.
 
Durante los últimos minutos el nerviosismo alcanzó niveles intolerables. El local no podía llegar con claridad y el conjunto de Holan erraba las que generaba. Flamengo tuvo la última, pero no le alcanzó. Independiente, después de eso, volvió a ser.
 


Fuente: SFD-La Red 96.7 S.Fe-canchallena.lanacion.com.ar

 
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