2017-04-11 08:17:28

Ocho técnicos, el reflejo del desprestigio y la imprudencia que atraparon al seleccionado
Desde la salida de Bielsa, en 2004, hasta el despido de Bauza de ayer, los ciclos breves se volvieron una incómoda costumbre; interferencias, incapacidades y descuidos, entre las culpas dirigenciales.

arcelo Bielsa se quedó sin energía entre tantas invasiones y el desapego de Julio Grondona por las reglas. José Pekerman prefirió irse después del quinto puesto en Alemania 2006 abatido y defraudado por el marco dirigencial. Alfio Basile renunció, convencido de un complot desestabilizador. A Diego Maradona no le renovaron el contrato porque su incapacidad estallaba a la vista del planeta. Sergio Batista era apenas un resorte y lo echaron detrás de otro cachetazo deportivo. Agotado por el entorno, Alejandro Sabella ya había decidido marcharse antes del subcampeonato en Brasil. Gerardo Martino renunció cuando descubrió que lo habían dejado solo. A Edgardo Bauza lo manosearon cruelmente durante las últimas dos semanas hasta despedirlo. Un cóctel de imprudencia, hastío e ineptitud para desatar constantes tembladerales alrededor de la selección. Los plazos se venían acortando, una galopante señal de desprestigio. Bauza apenas resistió ocho meses. O 253 días. Una historia corrosiva y decadente.
 
 
El seleccionado atraviesa una crisis histórica. Desde los resultados que lo encuentran en el péndulo del quinto puesto de las eliminatorias, sin garantías de aterrizar en Rusia 2018. Pero especialmente desde las formas y las conductas. Entre 1974 y 2004 hubo cinco entrenadores: Menotti (74
 
82), Bilardo (83/90), Basile (90/94), Passarella (94/98) y Bielsa (98/2004). Tres décadas que abrazan los títulos mundiales de 1978 y 1986 y las últimas conquistas albicelestes (Copas América 91 y 93). Pero además, y más allá de matices y preferencias entre escuelas futbolísticas, durante esos treinta años se creyó que un proyecto duradero y la previsibilidad eran el camino. Desde septiembre de 2004 hasta hoy, en menos de 13 años, con el sucesor de Bauza serán nueve los técnicos de la selección. Ciclos breves, generalmente agitados, algunos confusos, casi siempre con interferencias. Y últimamente también, con el condicionante fantasma de una generación de futbolistas muda, distante. Comprometidos con ellos mismos, pero casi sin gestos hacia afuera.
 
 
La inestabilidad de hoy era el peor rasgo de la selección de ayer. Años en los que los futbolistas se negaban a participar para que no los arrastrase el descrédito Desde la década del 60 y principios de los 70 que no se vivía tanta fluctuación, cuando en el cargo se sucedían nombres como los de Jim López, Faraone, Cesarini, Cap, Pizzuti, Pedernera, Maschio, Minella.
 
Ninguna salida fue igual que otra. Aunque las dos primeras se parecieron. A los alejamientos de la AFA de Bielsa y Pekerman los guió el disgusto. Bielsa resistió hasta septiembre de 2004. "Noté que ya no tenía la energía necesaria para absorber las variadas tareas que demanda la selección. Ya no tenía ese impulso. Y cuando ocurre eso no es honesto quedarse en un sitio sin entregar la energía que la tarea reclama", comunicó sorpresivamente, y se fue. No era toda la verdad, claro. Pero en su gestión nunca había enarbolado excusas y menos lo iba a hacer en el adiós.
 
 
Pekerman se desvinculó de la AFA en 2006, luego del Mundial. Él rechazó la renovación que le propuso Grondona. Pero el 3 de octubre de 2002, cuando era manager y se marchó por primera vez, ofreció algunas pistas: "Es una decisión relacionada con el desgaste y el cansancio por un trabajo arduo. La selección se pone en escena el día que compite, pero atrás hay un plan de preparación cargado de dificultades. En el fútbol hay trampas, cosas injustas", señalaba. Pekerman volvió para suceder de emergencia a Bielsa, completó el ciclo hasta Alemania y partió casi espantado. En aquel tiempo Grondona ya había traspapelado el sentido de la discreción y parecía obstinado en desmoronar la moderación.
 
Sus intromisiones sólo despertaban incomodidad. "Yo no puedo dejar que Pekerman entregue la lista de los que irán al Mundial sin mirarla. ¿Y si en lugar de poner a uno que juega al fútbol manda a un jugador de rugby?", decía. Es más: hasta había criticado a Pekerman por no asistir al sorteo del Mundial 2006. "Es un muchacho que se esconde detrás de un ómnibus". Pekerman sintió que ya no tenía nada más que hacer allí.
 
Alfio Basile llegó en septiembre de 2006 avalado por su figura ganadora y se marchó dos años más tarde entre embestidas, la lejanía generacional con varios de sus dirigidos y un terreno patinoso. Según su entorno, preparado por la familia Grondona, Julio y sus hijos, que ya tenían otros planes. Parte del plantel dejó de responder al mandato del DT. Los grandes, acostumbrados al profesional mundo europeo, observaban con extrañeza hábitos del Coco. Y a los más jóvenes -ya estaban Mascherano, Messi y Zabaleta, y con Basile debutaron Agüero y Di María- nunca los consiguió seducir. Coco estaba lejos de la generación de la PlayStation. "Nos sentimos perdidos. Todo lo que quisimos hacer nos salió mal. Estuvimos confundidos desde el principio", dijo Messi tras perder con Chile por las eliminatorias y antes de tomar el vuelo a Barcelona. Al aterrizar, Basile ya había renunciado.
 
Con Maradona todo resultó disparatado e inconsistente. El mito fue un fracaso como técnico. Excesos, contradicciones y exabruptos. Los futbolistas -con él debutaron Romero e Higuaín- lo percibieron enseguida y el circo duró hasta el cachetazo de Alemania en Sudáfrica 2010. Desembarcó Batista, sin pergaminos ni certezas más que sus insinuaciones. Un DT frágil, fácilmente influenciable por dirigentes y jugadores. Pésima combinación. El caso Tevez -se lo impusieron desde el Gobierno para la Copa América 2011- le quitó el respaldo del plantel. La eliminación precipitada en cuartos de final lo lanzó al vacío. Fue el único técnico echado por Grondona. Llegó Sabella y lo sucedió Martino. Uno no quiso renovar y otro renunció. Llevar el cargo con prudencia y capacidad parece sofocante para gente íntegra.
 
Sabella se vinculó con la AFA en agosto de 2011, luego de la frustrante Copa América en el país. Por entonces, el DT ya había acordado un contrato con el club Al Jazeera, de los Emiratos Árabes, por una cifra cercana a los dos millones de dólares. Es más: tuvo que devolver un anticipo de 700.000 dólares. El prestigio y el desafío de dirigir a la Argentina resultaron una tentación irresistible para Sabella, que casi tres años después sintió que ya había sido suficiente.
 
Sabella se cansó. Ejercer esta función con profesionalismo lo agotó. ¿Por qué? Intromisiones, intereses, demasiada exposición... Todos daños colaterales muy corrosivos. Con la mesa chica había mantenido una relación casi paternal. De su parte, claro. De esos jugadores recibió respeto y algo de lejanía, fieles a su perfil. Para la historia quedó el autogolpe futbolístico que aplicó Messi el día después del debut en Brasil 2014. Tras ganarle 2-1 con angustia a Bosnia, al día siguiente el capitán llamó a una conferencia de prensa. No le habían gustado los cinco defensores... "Somos Argentina, no debemos fijarnos qué rival está enfrente", sentenció. Entonces, volvieron Los Cuatro Fantásticos y el equipo jugó a su ritmo. Hasta que las lesiones de Agüero y Di María le permitieron a Sabella retomar el control estratégico y volver a blindar de cuidados a la formación. Con sus amigos lejos de la plenitud física, Messi entendió que era el único camino posible para avanzar en la Copa. Entonces, Mascherano se convirtió en héroe y la selección merodeó la gloria. Aunque Grondona insistió, Sabella nunca pensó en seguir. Iba a dar una conferencia de prensa el 30 de julio de 2014 en el predio de Ezeiza para despedirse, pero nunca se concretó porque esa madrugada murió Grondona.
 
Martino se fue cuando se sintió desamparado. Una AFA caótica, atravesada por ese grondonismo residual que representaba Luis Segura lo empujó a irse. Siete meses de atraso salarial fue apenas un detalle más entre tanto derrumbe dirigencial. La falta de compañía para planificar estrategias de trabajo resultó lo más grave. Al volver en junio de la Copa América de los Estados Unidos, con otra espina en el alma por la segunda final perdida por penales ante Chile, el abandono también alcanzó la preparación para los inminentes Juegos Olímpicos de Río. Había renunciado Messi y, por los medios, Martino se iba enterando de que los dirigentes no pensaban cederle a los jugadores. El vacío ya era insoportable. Y también habían desaparecido las complicidades con muchos jugadores, con ese histórico núcleo duro, siempre convencido de la autogestión antes que dejarse ayudar. Ahora pasó Bauza. Un hombre que siempre estuvo solo.
 
Una crisis sin comparación
 
Desde 1974 no había una etapa más corta: la de Vladislao Cap. Para encontrar un ciclo más breve que el de Bauza como técnico de la selección hay que retroceder hasta 1974. Entre el 22 de abril y el 3 de julio, poco más de dos meses, Vladislao Cap dirigió durante 10 partidos la selección: 4 amistosos previos a la Copa del Mundo y los seis de la competencia en Alemania.
 
Ninguna potencia atravesó tamaño tembladeral. En el mismo período que la Argentina ha tenido ocho directores técnicos, a ninguna otra potencia le ha sucedido algo parecido. Por ejemplo, de 2004 a la fecha, a Brasil lo dirigieron Parreira, Dunga dos veces, Menezes, Scolari y actualmente Tite. Y en Alemania, claro, apenas aparecen dos apellidos: Jürgen Klinsmann y Joachim Löw.
 
Tres técnicos camino al Mundial, sin antecedentes. Nunca en la historia de las eliminatorias todos contra todos la Argentina había sido dirigida por tres técnicos, como ocurrirá camino a Rusia 2018, luego de Martino, Bauza y ¿Sampaoli? Para Alemania 2006, Pekerman sucedió a Bielsa, y camino a Sudáfrica 2010, tras Basile llegó Diego Maradona. Como comparación, Bolivia también tuvo tres técnicos en esta eliminatorias: "Platini" Sánchez, Hoyos y Soria.
 

Fuente: SFD-canchallena.com

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