2017-03-24 00:16:29

Ganó Argentina: un vodka ruso para brindar y emborracharse: mejor olvidar lo mal que se jugó.
La Argentina le ganó a Chile 1 a 0 con un gol de Messi, tras un penal dudoso que sancionó el juez brasileño Sandro Ricci; el equipo dirigido por Bauza defraudó, pero terminó la fecha tercero en las posiciones.

Un rendimiento muy chato para conseguir tres puntos de oro. No pudo ser más redituable el negocio para lo poco que invirtió en fútbol la Argentina. Bauza había admitido que se debía ganar como fuera. Una confesión previa para legitimar lo que fue un partido feo del seleccionado, que lo hace progresar más en la tabla que en la consideración futbolística. Quien quiera ver algo más valioso que el triunfo, no lo encontrará.
 
Si el camino a Rusia viene siendo un tanto tortuoso, lo de anoche no fue la excepción. No es la mejor imagen el sufrimiento en el final, con jugadores cada vez más acurrucados contra el área para intentar contener a un Chile que se venía con cuatro delanteros, la conducción de Valdivia y el empuje del resto. En esas circunstancias tan apremiantes, Otamendi se redimió de su flojo primer tiempo con varios despejes en zonas calientes del área. La Argentina aguantaba como podía, no sabía ni podía defenderse con la pelota (60 a 40 fue el porcentaje final en posesión a favor de Chile), Messi entraba cada vez menos en acción y varios corrían más con desesperación que como piezas de un plan aceitado.
 
No tuvo hoja de ruta la Argentina, salvo la de aprovechar la dadivosa concesión del penal por parte del árbitro. No se podía quejar la Argentina, en un primer tiempo que no manejó ni controló, se llevó una ventaja que podía considerarse una recompensa excesiva. Le faltó tanto juego y fluidez en la circulación de la pelota que necesitó de un penal que perteneció más a la fantasía de Ricci que a la realidad. Di María, que se había hecho notar poco y nada, montó una actuación con una caída sin que Fuenzalida llegara a cometerle foul desde atrás.
 
 
La Argentina no está para regalar nada y recibió con los brazos abiertos el obsequio del juez brasileño. Messi otra vez frente a Bravo, como en la final de la Copa América 2016. En el recuerdo, aquel remate alto que lo hizo sentir culposo y lo empujó a una renuncia precipitada. En el presente, un zurdazo seco y cruzado para exorcizar fantasmas y traer algo de alivio. Todos los compañeros, salvo Romero, lo fueron a abrazar. Un festejo para hacer catarsis.


Fuente: SFD-canchallena.com

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